Ya sea en el balcón o en tu casa, tus plantas son como tú: ¡tienen calor!
Y a veces incluso el riego regular no es suficiente. Las hojas se vuelven amarillas o se enroscan, los tallos se caen y las flores apuntan al suelo.
Esto es una señal de que se necesita una operación de rescate.
Para que tus plantas tengan una segunda oportunidad de florecer, ¡te desvelo mi método para revivir tus macetas que han sido víctimas de un golpe de calor!

Paso 1: ¡Coge las tijeras!
Cuando tu planta sufre un golpe de calor, algunas de sus hojas o incluso sus tallos se secan por completo, hasta el punto de desintegrarse ante nuestros ojos.
Al igual que las flores marchitas, estas partes secas agotan los recursos de su planta sin darle nada a cambio.
Por lo tanto, es necesario deshacerse de ellas para que pueda redirigir su agua y sus nutrientes hacia los brotes jóvenes, todavía verdes y vigorosos, que le permitirán recuperar disfrutar de una segunda juventud.
Para este primer paso, hazte con unas tijeras de podar o unas cizallas y corta poco a poco los tallos para eliminar todo lo que sea frágil al tacto.
Un pequeño consejo: es mejor empezar por el borde de la planta e ir entrando, rama a rama. Esto te permitirá realizar un corte más armonioso y evitar errores.
Paso 2: Dales a tus macetas un baño refrescante
Este es el paso más importante, el que no sólo enfriará tu planta sino también su entorno (es decir, toda la tierra de la maceta).
Para ello, sólo necesitas una palangana grande llena de agua fría. Sumerge la maceta directamente en ella, asegurándote de que la parte superior de la maceta permanezca seca. Déjalo en remojo durante unos 20 minutos.
Si no ves ninguna mejora, puedes repetir el experimento una vez cada dos días.

Paso 3: Refresca tus plantas regularmente
El último paso está destinado principalmente a proteger los tallos y las hojas que han resistido el calor.
Utiliza un pulverizador para rociar tu planta, especialmente las hojas, a primera hora de la mañana o al atardecer.
Pulverizar agua sobre el follaje humedecerá temporalmente el ambiente alrededor de la planta. Esto es especialmente útil con las plantas epífitas (como las orquídeas y algunos helechos), ya que toman la humedad del aire en todas las épocas del año y, por tanto, no aprecian el aire demasiado seco.
En cambio, las plantas con follaje más “peludo” (por ejemplo, los cactus o la salvia) y las plantas carnívoras con hojas cerosas no necesitarán ser rociadas. Este es también el caso de las begonias, cretonas y el ciclamen.
Cuidado: procura no utilizar agua dura o calcárea, ya que puede obstruir las estomas de las hojas al secarse dificultando su respiración.
Cuando veas que aparecen nuevos brotes, puedes alegrarte: ¡tu planta se ha salvado!
Pero no te relajes, porque un nuevo golpe de calor podría ser el fin de tu plantación. Tendrás que seguir evaluando día a día la salud de tus plantas.